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- Opinión

El Bloog, por Héctor Anabitarte

opinion Espalda con espalda
 
En los países que se autodefinen como ricos y desarrollados (no son muchos), en el mismo espacio y tiempo, viven, no conviven, dos sociedades simultáneamente (en los pobres y subdesarrollados también), espalda con espalda, sin verse las caras, dos sociedades que se desarrollan de manera paralela en el mismo escenario.

Sor Manuela conversa en la calle con varias personas. No hablan del calor. Está tranquila, apacible, es lo habitual en ella, pero preocupada, hay una cierta crispación en sus manos inquietas, manos que parecen un mapa. Hace un rato estuvo con una vecina, madre de dos niños. Ella y su esposo no tienen trabajo, y dentro de cinco días tienen que abandonar el piso, no pueden pagar el alquiler. Pensando en voz alta susurra: ¿Qué será de ellos?, ¿qué se puede hacer?

Le comentan que otra familia está en una situación crítica parecida. Que vengan a verme mañana a las diez y cuarto. Algo les puedo dar. También le informan de una familia con siete niños al borde del abismo. Sor Manuela comenta que la gente viene a contarle sus desgracias y casi siempre terminan llorando. Al menos se lo pueden contar a alguien. Sor Manuela también da apoyo psicológico y afortunadamente ella encuentra apoyo en su Dios.

A veces le preguntan ¿y Dios, qué hace? Según Sor Manuela ya hizo lo que tenía que hacer: proporcionarnos un cuerpo con muchas posibilidades, sentimientos, inteligencia y un mundo lleno de riquezas. Si lo hacemos mal es cosa nuestra. Cuando tiene un rato, entre misión y misión, en un papel escribe algunas palabras, una frase. Cuando vuelve a leer esas apresuradas anotaciones, a veces se dice, ¿cómo se me ocurrió esto? y tira el papel. Los amigos le piden que no lo haga. Responde: de todo eso sale algo. Misionera a Toda Hora, además, es poeta. Puede que sea su pequeño refugio íntimo desde donde resiste sin perder el humor.

Conversan en una calle que está limpia, adornada graciosamente con una multitud de plantas todas floridas, son hermosas; su olor no puede ser percibido por la cantidad de vehículos que pasan incensantes dando la impresión de que quienes los conducen saben adonde y por qué. No dejan de pasar personas vestidas con elegancia que transportan bolsas bien diseñadas de empresas importantes. Diversos negocios lucen escaparates amorosamente ordenados ofreciendo tentadoras "Rebajas". Todo está bien. Se vive en un escenario, en un decorado cuidadosamente pintado. Que un millón de viviendas estén vacías y una familia pierda su vivienda dentro de cinco días, es lo normal, no debería escandalizar, no es noticia, no justifica ni un breve. Las leyes del mercado, el derecho a las propiedades, son dos de los pilares en los que se apoya el sistema y más allá de éste sistema se supone que sólo existe la nada.
Esta crisis está produciendo una nueva clase de excluidos. Son los llamados crónicos (todo tiene un nombre). No tienen posibilidad, casi ninguna, de acceder con euros en los bolsillos al decorado cuidosamente pintado. Las estadísticas informan sobre los excluidos y sobre los nuevos excluidos, pero se suele desconfiar de las estadísticas y por otra parte las estadísticas no emocionan. El sufrimiento necesita una cara, un nombre. Tiene que ser noticia. En Francia los "sin papeles" ocuparon un edificio y salieron a la calle. Personas en paro fueron a una gran superficie llenaron los carros e intentaron irse sin pagar. Previamente informaron a las televisiones. Se puede seguir mirando para otro lado pero el telediario es el telediario.

La crisis actual, en un mundo rico y desarrollado, no justifica que una parte de la población viva por debajo de lo indispensable (techo, alimentos, medicamentos, educación). Un sistema que no puede garantizar el trabajo para todos (antes de la crisis había en Aranjuez dos mil parados y ahora cinco mil), debería encontrar alguna solución. Es posible.

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